Del solar del padre Velarde al mundo: dos siglos del grano de oro costarricense

Desde las primeras matas sembradas en San José a inicios del siglo XIX hasta las denominaciones de origen del siglo XXI, el café construyó la economía, el paisaje y buena parte de la identidad de Costa Rica.

Del solar del padre Velarde al mundo: dos siglos del grano de oro costarricense

El café llegó a Costa Rica a finales del siglo XVIII y en menos de cien años transformó un país pobre y aislado en un exportador con presencia en Europa. Esta es la historia del grano de oro: sus fechas, sus protagonistas, sus instituciones y los desafíos que hoy enfrenta el sector cafetalero nacional.

Pocas plantas han hecho tanto por un país como el Coffea arabica por Costa Rica. Antes del café, la provincia era una de las más pobres y periféricas del imperio español en América: sin metales preciosos, sin puertos activos, con caminos de herradura y una economía de subsistencia. Doscientos años después, el grano de oro sigue definiendo el paisaje del Valle Central, la arquitectura de sus pueblos y la manera en que los costarricenses se cuentan a sí mismos.

Un arbusto que llegó antes que la República

La variedad Typica que dio origen al café americano cruzó el Atlántico hacia Martinica alrededor de 1720 y desde las Antillas se dispersó por el continente. A Costa Rica habría llegado hacia finales del siglo XVIII, aunque el cultivo empezó a promoverse de manera deliberada a partir de 1808, durante la gobernación de Tomás de Acosta.

El primer registro documental es doméstico y modesto: en 1816, el padre Félix Velarde consignó en su testamento que poseía un solar sembrado de café cerca de lo que hoy es la Catedral Metropolitana de San José. Cuatro años después, en 1820, salió la primera exportación conocida —apenas dos quintales enviados a Panamá—. Cuando Costa Rica se independizó en 1821, el país contaba con unos 17.000 cafetos en producción y la municipalidad de San José repartía almácigos gratuitos para estimular la siembra.

El impulso fue tanto agrícola como político. En 1825 se exoneró al café del pago del diezmo; en 1831 un decreto permitió a quien cultivara café en terrenos baldíos durante cinco años reclamarlos como propios; y en 1840 el jefe de Estado Braulio Carrillo ordenó siembras en Pavas. Juan Mora Fernández y el propio Carrillo entendieron que el grano era la única mercancía capaz de conectar al país con el mercado mundial.

La ruta a Europa

El primer intento serio de exportación transoceánica lo encabezó el comerciante alemán Jorge (George) Stiepel, quien en 1832 colocó café costarricense en Inglaterra utilizando a Chile como puerto de reexpedición: el grano viajaba como "café de Valparaíso". El salto definitivo llegó en 1843, cuando el capitán inglés William Le Lacheur, del navío Monarch, cargó en Puntarenas 5.505 quintales de café con destino a Londres. Le Lacheur regresó dos años después con las ganancias, cumpliendo lo pactado, y abrió la ruta comercial directa entre Costa Rica y los puertos británicos. Santiago Fernández Hidalgo, dueño del beneficio El Laberinto, quedó en la historia como el primer exportador costarricense hacia el Viejo Mundo.

Caminos, beneficios y una nueva élite

Exportar exigía infraestructura. En 1846 se concluyó el camino a Puntarenas, que sustituyó las recuas de mulas por carretas de bueyes —las mismas que, pintadas, terminarían siendo Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad—. En 1890 se completó el ferrocarril al Atlántico, que acortó el viaje hacia Europa y, de paso, redefinió la demografía del Caribe costarricense.

En lo técnico, el aporte decisivo fue el beneficio por vía húmeda, introducido en la década de 1830 por el ingeniero catalán Buenaventura Espinach Gaul. Despulpado, fermentación, lavado y secado controlado convirtieron al café costarricense en un producto de perfil limpio y reputación creciente. A esa tradición se sumaron innovaciones locales como la máquina procesadora patentada por Augusto Gallardo Prieto en 1887, exhibida en la Exposición Mundial de Chicago de 1893.

La bonanza también concentró poder. Las familias cafetaleras del Valle Central formaron la élite que financió bancos, casas de habitación de estilo europeo y proyectos públicos. Conviene, eso sí, matizar un mito persistente: el Teatro Nacional, inaugurado en 1897, no fue pagado por los cafetaleros. La investigación histórica ha mostrado que el impuesto a la exportación de café aportó menos del 10% del costo total y fue abandonado tras dos años; el grueso del financiamiento provino de un impuesto general a las importaciones que pagó toda la población.

De cultivo a institución

El siglo XX ordenó la actividad. En 1933 se creó el Instituto de Defensa del Café, hoy Instituto del Café de Costa Rica (ICAFE). En 1961, la Ley N.º 2762 estableció el régimen de relaciones entre productores, beneficiadores y exportadores, un modelo poco común en el mundo que garantiza al caficultor una liquidación basada en el precio real de venta del beneficio, y que fue reformado integralmente en 2020 mediante la Ley N.º 9872.

Otra decisión marcó el carácter del café nacional: en 1989 el país prohibió por ley la siembra de café robusta para proteger la reputación de calidad del arábica, restricción que se flexibilizó en 2018 para zonas bajas específicas. Costa Rica sigue siendo, esencialmente, un país de arábica cultivado entre los 800 y los 1.600 metros de altitud, con recolección manual y selectiva.

El mapa del sabor

El país reconoce ocho regiones cafetaleras —Valle Central, Valle Occidental, Tarrazú (Los Santos), Tres Ríos, Orosi, Turrialba, Brunca y Guanacaste—, cada una con perfiles sensoriales propios. En 2019, el café de Tarrazú obtuvo su denominación de origen, posteriormente registrada también en la Unión Europea, un reconocimiento que ancla el valor del grano a su territorio.

El café hoy

La caficultura costarricense es hoy una actividad de escala media y alto valor. Según los informes del ICAFE, la cosecha 2023-2024 cerró en 1.608.263 fanegas y la temporada 2024-2025 se estimó en unas 1.747.000 fanegas, un aumento cercano al 8,6%. La actividad involucra a más de 26.000 productores registrados, en su mayoría pequeños, junto a cientos de firmas beneficiadoras, exportadoras y torrefactoras. Estados Unidos y Europa concentran la mayor parte de las exportaciones, que rondan los 380 millones de dólares FOB anuales.

Los retos son concretos: variabilidad climática, plagas y enfermedades como la roya, presión sobre los costos de recolección, dependencia de mano de obra migrante y un relevo generacional incierto en las fincas. La respuesta del sector ha pasado por la diversificación de variedades resistentes, los procesos experimentales —honey, naturales, fermentaciones controladas— y la apuesta por microlotes trazables que compiten en el segmento de especialidad.

Dos siglos después del solar del padre Velarde, el grano de oro ya no es el único motor de la economía costarricense. Pero sigue siendo, quizá, su relato fundacional más nítido: el de un país pequeño que encontró en una semilla la manera de conversar con el mundo.

  • Historia del Café de Costa Rica — ICAFE
  • Informe sobre la Actividad Cafetalera de Costa Rica — ICAFE
  • Café de Costa Rica — Wikipedia
  • Historia del Café en Costa Rica — Mi Costa Rica de Antaño
  • El Café como motor del desarrollo nacional (década de 1840) — Mi Costa Rica de Antaño
  • Cosecha de café aumentará 8,6% en la temporada 2024-2025, estima Icafé — La Nación
  • 120 años del Teatro Nacional: romper mitos alrededor de un ícono — La Nación
  • Ley N.º 2762, régimen de relaciones entre productores, beneficiadores y exportadores de café — FAOLEX
  • Ley N.º 9872, reforma integral de la Ley N.º 2762 — ECOLEX
  • Unión Europea registró la denominación de origen del café Tarrazú — El Observador CR
  • Indicaciones Geográficas y Denominaciones de Origen — MAG / ICAFE

  • #café de Costa Rica#caficultura#grano de oro#historia de Costa Rica#ICAFE#Tarrazú
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    1
    José Alberto

    Me parece muy interesante la historia, gracias

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